La clave está en hacerlo con coherencia, firmeza y, sobre todo, con una clara conciencia de que el interés del país siempre debe estar por encima de cualquier interés particular.

Por: José Núñez Germosén Periodista / Abogado / Subsecretario de comunicaciónes del PLD
En toda democracia, la oposición cumple un papel fundamental: fiscalizar, cuestionar y señalar los errores del poder. No se trata de confrontar por confrontar, sino de contribuir al equilibrio político y a la defensa de los intereses del país.
Sin embargo, en el escenario político dominicano de los últimos años surge una reflexión que comienza a escucharse con insistencia dentro de las bases del Partido de la Liberación Dominicana (PLD): ¿por qué el partido ejerce hoy una oposición considerablemente más prudente que la que recibió cuando estaba en el gobierno?
La memoria política reciente no puede ignorarse. Durante los años 2019 y 2020 el PLD enfrentó una oposición particularmente agresiva, marcada por acusaciones constantes, campañas mediáticas intensas y una presión política que trascendía el debate democrático. En ese contexto, varios dirigentes del partido fueron sometidos a procesos impulsados desde sectores de la llamada “justicia independiente”, que para muchos ciudadanos terminó proyectando más un clima de confrontación política que un ejercicio estrictamente institucional.
Aquella etapa dejó heridas abiertas y una percepción clara de que el PLD fue objeto de una estrategia orientada a debilitar su liderazgo político y su imagen pública.
Por eso resulta comprensible que hoy muchos militantes y dirigentes de base observen con cierta inquietud el tono moderado con el que el partido ejerce su rol opositor. En distintos espacios internos se percibe incluso una preocupación creciente por lo que algunos consideran una oposición demasiado cautelosa frente a los problemas que enfrenta el país.
No se trata de promover la confrontación estéril ni de replicar los excesos del pasado. Pero la política también exige claridad, firmeza y coherencia. Cuando una organización con la trayectoria del PLD asume el papel de oposición, la sociedad espera una voz crítica, responsable y con capacidad de señalar los errores del poder cuando estos afectan al interés colectivo.
En este contexto, el PLD enfrenta un reto importante: reafirmar su papel como fuerza política organizada, disciplinada y comprometida con el país. Esa responsabilidad implica hablar con claridad frente a los desafíos nacionales, pero también mantener la cohesión interna que históricamente ha caracterizado a la organización.
Por eso resulta oportuno hacer un llamado a todos los dirigentes, precandidatos y aspirantes dentro del partido. El PLD no puede convertirse en un escenario donde predominen agendas individuales o cálculos personales. La historia de la organización ha demostrado que su mayor fortaleza ha sido siempre la unidad y la visión colectiva.
El país atraviesa momentos complejos que demandan liderazgo político serio, propuestas responsables y una oposición capaz de interpretar las preocupaciones de la sociedad dominicana.
El PLD posee experiencia de gobierno, estructura nacional y capital humano suficiente para asumir ese rol con responsabilidad. La clave está en hacerlo con coherencia, con firmeza y, sobre todo, con una clara conciencia de que el interés del país siempre debe estar por encima de cualquier interés particular.



